7 de septiembre de 2026
Edulcorantes sin azúcar: qué dice realmente la OMS sobre su seguridad y su papel en la pérdida de peso
Edulcorantes sin azúcar: qué dice realmente la OMS sobre su seguridad y su utilidad para perder peso
Si en algún momento has cambiado el azúcar de tu café por un edulcorante, o has elegido un refresco "zero" pensando que era la opción más saludable, no eres la única persona que se ha hecho esa pregunta: ¿de verdad ayudan a perder peso? ¿son seguros a largo plazo? En los últimos años, dos organismos de referencia —la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), junto con el comité conjunto FAO/OMS de expertos en aditivos alimentarios (JECFA) y la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC)— han publicado revisiones que merece la pena conocer antes de sacar conclusiones propias.
¿De qué hablamos exactamente?
Los edulcorantes sin azúcar (también llamados no nutritivos) son sustancias que aportan sabor dulce con muy pocas o ninguna caloría. Entre los más usados están el acesulfamo K, el aspartamo, el ciclamato, la sacarina, la sucralosa y la estevia y sus derivados. Están presentes en refrescos "sin azúcar", chicles, yogures, productos light y en los sobrecitos que muchas personas añaden al café o al té. Según datos recogidos por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), en España aparecen en prácticamente el 100% de las bebidas carbonatadas sin azúcar y en cerca del 45% de las bebidas de soja del mercado.
¿Sirven para perder peso? La guía de la OMS de 2023
En mayo de 2023, la OMS publicó una guía específica sobre el uso de edulcorantes sin azúcar, elaborada tras una revisión sistemática de la evidencia disponible. La conclusión fue clara: la OMS desaconseja el uso de edulcorantes sin azúcar como estrategia para controlar el peso corporal o reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles (como la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares).
¿Por qué? Porque la revisión no encontró un beneficio sostenido en la reducción de grasa corporal a largo plazo, ni en adultos ni en niños. Y, más llamativo aún, algunos de los estudios observacionales analizados sugerían un posible aumento del riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y mortalidad asociado al consumo prolongado de estos productos, aunque la OMS señala que la certeza de esta evidencia es todavía limitada.
Es importante matizar dos cosas que la propia OMS aclara en su guía:
- La recomendación no aplica a personas con diabetes ya diagnosticada, para quienes los edulcorantes pueden seguir siendo una herramienta útil dentro de su plan de alimentación.
- No incluye productos de higiene o cuidado personal (como pastas de dientes), medicamentos, ni los polioles o alcoholes de azúcar (como el xilitol o el eritritol), que se evalúan de forma independiente.
El mensaje de fondo, en palabras del propio director de Nutrición e Inocuidad de los Alimentos de la OMS, Francesco Branca, es que la estrategia más eficaz no es sustituir el azúcar por un edulcorante, sino reducir progresivamente el nivel general de dulzor de la dieta, dando protagonismo a alimentos naturalmente dulces como la fruta.
¿Son seguros? Lo que dice la EFSA
Aquí conviene separar dos preguntas distintas: si los edulcorantes ayudan a perder peso (respuesta de la OMS: no hay evidencia sólida de que lo hagan) y si son seguros para el consumo dentro de ciertos límites (una pregunta distinta, que responde la EFSA).
La EFSA evalúa cada edulcorante de forma individual y establece para cada uno una Ingesta Diaria Admisible (IDA): la cantidad que se puede consumir cada día, durante toda la vida, sin que suponga un riesgo para la salud. Edulcorantes como la sacarina, el acesulfamo K, el neotame o la sucralosa han sido reevaluados por la EFSA, que ha reafirmado su seguridad dentro de estos límites. El aspartamo, por su parte, fue objeto de una revisión de riesgos completa en 2013 —una de las más exhaustivas realizadas hasta la fecha— que concluyó que no representa un problema de seguridad a los niveles de exposición actuales.
El caso del aspartamo: dos organismos, dos preguntas distintas
En julio de 2023, la IARC y el JECFA publicaron de forma coordinada dos evaluaciones sobre el aspartamo que generaron bastante confusión mediática, así que merece la pena aclararlas.
La IARC clasificó el aspartamo como "posiblemente carcinógeno para los humanos" (Grupo 2B), basándose en evidencia limitada de un tipo de cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular) en estudios observacionales en humanos, y en evidencia también limitada en estudios animales y mecanicistas. Es importante entender qué significa esta clasificación: la IARC evalúa el peligro (si una sustancia podría, en teoría, causar cáncer), no el riesgo real al que está expuesta la población en su consumo habitual. El grupo 2B es la categoría más baja de las que indican algún nivel de sospecha, y en ella se encuentran también sustancias tan cotidianas como los encurtidos en vinagre.
Por eso, el mismo día, el JECFA —el comité que sí evalúa el riesgo real de exposición— revisó toda la evidencia disponible y concluyó que no había motivos suficientes para cambiar la Ingesta Diaria Admisible ya establecida: 0-40 mg por kilogramo de peso corporal. Para hacerlo tangible: una persona adulta de 70 kg tendría que tomar más de 9 a 14 latas de refresco "light" o "zero" al día, de forma sostenida, para superar ese límite considerado seguro.
En la práctica, ¿qué hacer?
De toda esta evidencia se puede extraer una idea central, más útil que cualquier titular alarmista: los edulcorantes sin azúcar, consumidos dentro de los niveles establecidos por la EFSA, no representan un problema de seguridad conocido para la población general. Pero tampoco son la solución mágica para perder peso que a veces se presenta en el marketing de ciertos productos.
Si los usas de forma ocasional —un café, algún producto light dentro de una dieta ya equilibrada— la evidencia actual no da motivos de alarma. Lo que sí conviene evitar es depender de ellos como estrategia central para "compensar" una dieta con exceso de dulzor o de productos ultraprocesados. El objetivo más respaldado por la ciencia no es cambiar un tipo de dulce por otro, sino ir reduciendo, poco a poco, la necesidad de que todo sepa dulce. Si tienes dudas sobre tu caso concreto —por ejemplo, si tienes diabetes o sigues un tratamiento específico—, la persona más indicada para ajustar esta decisión a tu situación es un profesional sanitario que conozca tu historial.
Fuentes consultadas: Organización Mundial de la Salud (OMS), guía sobre edulcorantes sin azúcar (mayo 2023); OMS/IARC, evaluación de peligro del aspartamo (julio 2023); FAO/OMS, Comité Conjunto de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), evaluación de riesgo del aspartamo (julio 2023); Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), reevaluaciones de aditivos edulcorantes; Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), datos de consumo de edulcorantes en España.