7 de septiembre de 2026

¿Estirar antes o después de entrenar? Lo que dice realmente la evidencia científica

Si entrenas con cierta regularidad, seguro que te has hecho esta pregunta más de una vez: ¿tengo que estirar antes de entrenar, después, o en ambos momentos? Es una de esas costumbres que muchos arrastramos por rutina o por lo que nos enseñaron en el colegio, sin que nadie nos explique realmente por qué. La buena noticia es que en los últimos años ha habido bastante investigación seria sobre el tema, y las conclusiones son más matizadas —y más útiles— de lo que solemos pensar.

¿Estirar antes de entrenar previene lesiones?

Es probablemente el motivo más común por el que la gente estira antes de moverse: la idea de que unos minutos de estiramiento "preparan" el músculo y evitan lesiones. Una revisión sistemática publicada en Research in Sports Medicine que analizó los ensayos controlados disponibles sobre estiramiento estático como parte del calentamiento concluyó que, en conjunto, no reduce la incidencia global de lesiones relacionadas con el ejercicio. Sí encontró indicios preliminares de que podría ayudar a prevenir lesiones musculotendinosas concretas, pero no es una evidencia sólida ni generalizable.

En otras palabras: estirar antes de entrenar no es la barrera protectora que muchas veces se presenta. Eso no significa que calentar sea inútil —todo lo contrario—, sino que el tipo de preparación que realmente marca la diferencia suele ser otro, como veremos a continuación.

Antes de un esfuerzo explosivo, mejor moverse que estirar

Aquí es donde la evidencia reciente es más clara. Varias revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en los últimos años en revistas de medicina deportiva han comparado el estiramiento estático (mantener una postura de tensión sin moverse) con el estiramiento dinámico (movilizar las articulaciones con movimientos controlados y progresivos) como parte del calentamiento.

El patrón que se repite es consistente: el estiramiento dinámico mejora el rendimiento en saltos, sprints y agilidad, mientras que el estiramiento estático mantenido justo antes de un esfuerzo explosivo tiende a reducirlo ligeramente. Este fenómeno, conocido como "déficit de fuerza inducido por el estiramiento", parece depender sobre todo de la duración: estiramientos estáticos breves tienen un impacto mínimo, pero mantenerlos varios minutos antes de correr, saltar o levantar peso puede restar algo de potencia en los minutos siguientes.

La implicación práctica es sencilla: si vas a entrenar fuerza, hacer un HIIT o practicar un deporte que exige explosividad, un calentamiento a base de movimientos dinámicos (rotaciones articulares, zancadas, elevaciones de rodilla, activación progresiva) es una opción mejor respaldada que quedarte quieto estirando un músculo durante un minuto.

¿Y sirve para evitar las agujetas?

Otro mito muy extendido es que estirar, antes o después, evita el dolor muscular de aparición tardía (las conocidas "agujetas"). Una revisión Cochrane que analizó los ensayos disponibles sobre este tema concluyó que el estiramiento muscular —ya sea antes, después, o antes y después del ejercicio— no produce reducciones clínicamente relevantes del dolor muscular de aparición tardía en adultos sanos.

Esto no quiere decir que estirar sea perjudicial ni desagradable después de entrenar; simplemente que no es una herramienta eficaz para el objetivo concreto de "no tener agujetas al día siguiente". Ese dolor responde más a la carga, la intensidad y el tipo de esfuerzo (especialmente los movimientos excéntricos) que al hecho de estirar o no.

Entonces, ¿para qué sirve realmente estirar?

Aquí es donde el estiramiento sí demuestra un beneficio claro y bien documentado: ganar y mantener rango de movimiento articular a medio y largo plazo. Los metaanálisis sobre los efectos crónicos del estiramiento muestran que practicarlo de forma regular, en programas que en los estudios suelen ir de varias semanas hasta unos pocos meses, aumenta de forma consistente la flexibilidad. Esa ganancia, eso sí, no es permanente: si se deja de estirar, el rango de movimiento tiende a volver poco a poco a sus valores previos, por lo que el mantenimiento requiere continuidad, aunque sea con una frecuencia menor que la fase inicial.

Las revisiones también apuntan a que el estiramiento estático mantenido y las técnicas de facilitación neuromuscular propioceptiva (PNF) obtienen, en conjunto, mejores resultados para ganar movilidad a largo plazo que el estiramiento dinámico o balístico, que está más orientado a preparar el cuerpo para el movimiento inmediato que a modificar el rango articular de forma duradera.

Tener buena movilidad articular no es un objetivo estético ni accesorio: influye en la calidad del movimiento, en la ejecución técnica de muchos ejercicios y, especialmente con la edad, en la capacidad de moverte con soltura en el día a día.

Cómo aplicarlo en la práctica

El Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM), que incluye la flexibilidad como uno de los componentes de un programa de ejercicio completo junto al trabajo cardiorrespiratorio, de fuerza y neuromotor, recomienda mantener cada estiramiento estático entre 10 y 30 segundos (entre 30 y 60 segundos en personas mayores, que suelen necesitar más tiempo para obtener el mismo beneficio), repitiéndolo varias veces, y siempre después de haber calentado el músculo, nunca en frío.

Con toda esta evidencia junta, una forma razonable de organizar tu entrenamiento sería:

  • Antes de entrenar: calentamiento con movimiento dinámico y progresivo, adaptado al esfuerzo que vas a realizar.
  • Después de entrenar, o en sesiones específicas separadas del entrenamiento principal: estiramiento estático o PNF, si tu objetivo es ganar flexibilidad y rango de movimiento a medio plazo.
  • No esperes que estirar, en ningún momento, te libre de las agujetas ni sustituya a una progresión de carga bien planificada como estrategia principal de prevención de lesiones.

Una conclusión sin dramatismo

Estirar no es ni la solución milagrosa ni el gesto inútil que a veces se plantea en extremos opuestos. Es una herramienta con un propósito bastante concreto —mejorar la movilidad articular a largo plazo— y unos límites claros: no previene lesiones de forma generalizada, no evita las agujetas y, si se hace de forma estática justo antes de un esfuerzo explosivo, puede incluso restar algo de rendimiento. Saber esto no le quita valor al estiramiento; simplemente ayuda a colocarlo en el lugar del entrenamiento donde realmente aporta, en lugar de convertirlo en un ritual automático del que ya no recordamos el motivo.