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Pechuga de pavo

La pechuga de pavo (Meleagris gallopavo) es una carne blanca muy magra, con una elevada proporción de proteína de alto valor biológico y un aporte de grasa mínimo, además de niacina, vitamina B6, vitamina B12 y selenio.

La pechuga de pavo procede del Meleagris gallopavo, un ave galliforme originaria de Norteamérica y el único vertebrado doméstico domesticado en ese continente. La evidencia arqueológica y genética sitúa su domesticación en las tierras altas de México (Michoacán y el valle de Tehuacán, Puebla), con poblaciones ya domesticadas hacia el 200 a.C.-700 d.C. entre grupos prehispánicos como los purépechas; restos óseos hallados en el yacimiento maya de El Mirador (Petén, Guatemala), datados en el Preclásico tardío, documentan además su comercio hacia otras regiones de Mesoamérica fuera de su área de domesticación original (Manin et al., 2018; Thornton et al., 2012).

Nutricionalmente, la pechuga de pavo cruda y sin piel destaca por su relación proteína-grasa: aporta unos 23,7 g de proteína y menos de 1,5 g de grasa por cada 100 g, con un perfil completo de aminoácidos esenciales y un aporte relevante de niacina, vitamina B6, vitamina B12, fósforo y selenio (USDA FoodData Central).

Tras la conquista española, el pavo doméstico se introdujo en Europa en el siglo XVI y desde allí se extendió al resto del mundo; hoy su cría se ha intensificado a escala industrial y la producción mundial de carne de pavo ronda los 5 millones de toneladas anuales, según los datos de FAOSTAT.